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Se llamaba María

sábado, mayo 16th, 2026
Julio Romero de Torres; «La Chiquita piconera»; 1930; óleo y temple sobre lienzo; Museo Julio Romero de Torres, Ayuntamiento de Córdoba.

SE LLAMABA María.

Trabajaba en Sanfuentes o en Angamos, hacia la línea del tren, por donde los Quiroga comían cebollas como si fueran manzanas.

Era amiga de la nana de nuestra casa en Barros Luco, la larga calle que se arrastra por Barrancas entre San Antonio y Llolleo.

Yo era muy pequeño, debo haber tenido 7 años. Y jugábamos a todos a esos juegos que se jugaba cuando no existían las pantallas que nos regalan una vida ficticia, que duplican innecesariamente nuestra verdadera vida. Cuando se jugaba al corre el anillo, al terrome terrome te sic te sac, a la gallinita ciega…

Y si perdías, dabas prenda.

Yo siento que le poníamos mucho empeño a ganar (y a que María perdiera), para que ella diera prenda. Porque, cuando ella perdía, siempre cantaba: “Allá en el cielo, frente a Dios eternamente, volveremos a encontrarnos para nunca separarnos más”…

Era un momento sublime. ¡Todos quedábamos extasiados ante esa linda voz! (Todavía la puedo oír.) Ella era muy joven; no debe haber tenido más de 17 años. Y muy linda (humilde, tranquila).

Recién ahora vengo a enterarme de que la canción se llama “En el cielo”, y que la cantó Argentino Ledesma.

También cantaba otra canción: “Julio Romero de Torres pintó a la mujer morena, con los ojos de misterio y el alma llena de pena”.

Nunca la había buscado, pero ahora me entero de que es un pasodoble.

No sé por qué ella cantaba esas canciones, pero ¡era tan emocionante escucharla!

POSTFACIO: Escribí esto en octubre de 2016 como una colaboración para la sección “Canciones con Historia”, del programa “Toda una vida”, que conducía mi amigo Manuel Vilches P.

Lo puse como una «nota» en Facebook. Todavía está ahí. Una amiga sanantonina comentó: «nuestra infancia fue muy feliz, éramos niños sanos, nuestros juegos había por lo general que inventarlos, fuimos realmente felices». Saludos, Vivi Jeria. «Al run run con botones, fabricábamos nuestros propios billetes para jugar a los negocios, el tombo». «Nos subíamos a los árboles, al techo del gallinero y no nos caíamos, ¡pucha que éramos felices!, caminábamos por todas las calles sin miedo». Gracias, Vivi Jeria.

Magali Castro acotó: «Me emocionaste, Alexis; ¡qué recuerdo más lindo de nuestro barrio de niños donde lo pasamos tan lindo! ¡Qué recuerdo mas lindo de esa época en que todos jugábamos en la calle sin ningún peligro en nuestra avenida Barros Luco! Nuestros padres eran todos amigos y se compartía tanto». 

Las calles Sanfuentes y Angamos eran las de atrás de Barros Luco, hacia el mar. Cuando yo vivía allá (hasta 1964), eran solamente esas tres calles paralelas. Después venía la línea del tren. Los ruidos que se sentían en mi casa eran muy imponentes: el tren (a dos cuadras), los buques entrando y saliendo de la profunda bahía, y el Torito (que es un gran faro sobre el Cerro Alegre, que anuncia la llegada de la niebla a los barcos).